Un warm-up en ciclismo es un periodo corto y controlado de pedaleo a baja o moderada intensidad que prepara el cuerpo para entrenar duro o competir.
Normalmente dura entre 10 y 20 minutos y aumenta gradualmente el pulso, la respiración y la temperatura muscular, ayudando a prevenir lesiones y mejorar el rendimiento.
Un buen warm-up suele empezar con 5–10 minutos de pedaleo fácil (Zona 1–2), seguido de ráfagas cortas (30–60 segundos) a mayor intensidad para activar el sistema neuromuscular.
Si vas a hacer intervalos o competir, añadir algunos esfuerzos cerca de la intensidad objetivo ayuda a que el cuerpo se adapte a las exigencias.
Calentar mejora el flujo sanguíneo, aumenta la entrega de oxígeno y activa el enfoque mental necesario.
Es especialmente importante en clima frío, antes de intervalos intensos o al entrenar después de días de descanso.
Saltar el warm-up puede provocar piernas pesadas, peor rendimiento y mayor riesgo de molestias o lesiones.
Seas principiante o avanzado, calentar es un hábito simple que mejora la calidad del entrenamiento y reduce contratiempos.